Olga Hoyal

Olga Hoyal

Viviendo el Duelo como un Puzzle

Viviendo el duelo como un puzzle: las etapas del duelo

Recientemente han llegado a mi consulta privada dos casos de pérdidas (*) con un objetivo común: pasar del dolor a la aceptación en un día. Mis pacientes llegaban con casos de pérdidas recientes (un mes, un par de semanas), luchando y buscando la fórmula para escapar del duelo, a ser posible, ayer mismo.

Y ciertamente, nadie desea pasar por un duelo, puesto que los duelos se “creen” insufribles, largos, solitarios, incomprendidos…

Son procesos vitales que nos hacen perder el rumbo, nos aíslan, son agresivos, son oscuros y sobre todo, no están acotados en el tiempo. Esto crea una enorme ansiedad por como pueda ser ese, o más bien, por como pueda yo afrontar la vivencia de ese “futuro duelo”, provocando que, en ocasiones, se viva mucho peor la incertidumbre sobre la duración que tendrá el duelo que la profundidad del duelo en sí.

Mi intención no es expresar aquí mi opinión personal sobre si eso es posible o no. Solamente deseo exponer otra visión basada en la experiencia y, por tanto, en la realidad -otra realidad- sobre si el duelo debe ser obligatoriamente vivido desde el sufrimiento, como una vivencia larga, solitaria, de incomprensión, con pérdida de rumbo, como un estado prolongado de aislamiento, una etapa agresiva, oscura e indefinida.

El proceso del duelo

Para entender el proceso del duelo, debemos saber que está dividido en 5 etapas:

1ra. Negación.
2da. Ira.
3ra. Negociación.
4ta. Tristeza.
5ta. Aceptación.

El proceso pasa por todas ellas, sin que por supuesto cada una tenga que ser de igual duración o intensidad.

Los duelos siempre conllevan un crecimiento, por lo que Duelo y Crecimiento Personal son por tanto inseparables. Gracias a este hecho, la experiencia de todos los procesos y vivencias que lleva consigo el duelo puede vivirse de una forma consciente, permitiéndonos experimentar/vivenciar cada una de las fases del mismo de una manera más constructiva, más enriquecedora y, sobre todo, con mucho más sentido, al encontrar numerables respuestas a todas las preguntas que surgen en esos momentos de nuestra vida.

Los hechos que nos ocurren a diario no son ni malos ni buenos. Dependiendo de cómo los deseemos experimentar, con sufrimiento o con alegría, los enmarcaremos para que se conviertan en procesos limitantes o capacitantes. Inclusive más, partiendo de la premisa de que todo llega a nuestra vida como un aprendizaje, el duelo se convierte en el gran maestro de los aprendizajes de la vida, en la gran oportunidad de autonococerse, aceptarse y amarse con todo lo que uno es.

Teniendo ya conocimiento de que pasaremos por todas esas etapas durante nuestro duelo, podemos por tanto elegir cómo deseamos experimentarlo, sin importarnos tanto su duración y dolor. Esto es lo que yo llamo “el Puzzle del Duelo”.

Viviremos el montaje de un puzzle de 5000 piezas frente a nosotros. Ese gran puzzle nos aterra por el reto de su dificultad pero a la vez nos fascina por su regalo final. Nos hipnotiza por la complejidad del mismo y nos enseña a través del entendimiento (posición única de cada una de sus piezas), con la finalidad de encontrar el sentido a la imagen final.

Habrá días que nos supere, otros que nos sintamos inspirados y energéticos para colocar las piezas, otros que simplemente nos sentemos frente a él y lo miremos ensimismados… pero sabemos que ese regalo final llegará tarde o temprano: el sentimiento de recompensa por el trabajo bien hecho que nos impulsará día a día a seguir colocando una a una las piezas.

Al vivir el duelo con consciencia, las etapas del mismo vienen cada una de ellas con un mensaje, con su propio mensaje. Vienen con un “saber cada día más quien soy y cómo elijo sentirme”. Vienen con un “ahora entiendo”. Vienen con un “gracias”. Autoconocimiento, es la pieza clave del proceso de duelo vivido en consciencia, que no es más que una profunda transformación interna.

Ya no hay tanta prisa por salir de él puesto que comprendemos cada paso que dimos, damos y el porqué de los que daremos conscientemente. Ya no hay sufrimiento porque no jugamos al victimismo, al aislamiento y a la incomprensión sin sentido. Ya tenemos un rumbo que seguir.

Ese puzzle que nos aterra nos abre en realidad una puerta única para ser al terminarlo personas completamente distintas. Personas que habremos crecido con cada pieza que hayamos ido colocando, entendiendo porque cada una debía ir solamente en una posición concreta. En conclusión, ese puzzle es sin duda el más emocionantemente aterrador y enriquecedor juego de crecimiento personal que nos presentará la vida.

puzle

*Entendemos como pérdida una ruptura, el fallecimiento de un ser cercano, un despido laboral, un desahucio, etc.

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