Muchas personas llegan a consulta convencidas de que su problema es la dificultad para poner límites, la falta de pareja, un bloqueo, la timidez, la ansiedad o una relación complicada con sus padres.
Sin embargo, cuando empezamos a profundizar, muy a menudo aparece una raíz común: la baja autoestima y la confianza en uno mismo.
No significa que todos los problemas tengan el mismo origen, ni que exista una única causa. Puede haber traumas, experiencias dolorosas, creencias limitantes o situaciones difíciles que necesiten ser trabajadas. Pero, independientemente del motivo, hay una base que influye en cómo vivimos todo lo demás: la confianza que tenemos en nosotros mismos.
Nuestra autoestima empieza a construirse desde la infancia. La forma en que nos hablaron, cómo nos trataron, el cariño recibido, las críticas, las comparaciones, el ambiente familiar o las experiencias vividas van dejando una huella profunda en la imagen que construimos de nosotros mismos.
A lo largo de la vida también influyen las experiencias difíciles, los fracasos, las pérdidas, las relaciones que nos han marcado o los acontecimientos que hemos vivido.
Además debemos considerar tambien que ciertas memorias profundas, como las asociadas a vidas pasadas o experiencias de conciencia más amplias, también pueden influir en la manera en que una persona se percibe a sí misma y afronta la vida. Explorar esas vivencias puede formar parte del proceso de crecimiento personal.
La buena noticia
La autoestima no es algo fijo. Se puede fortalecer.
Y cuando empiezas a confiar más en ti, todo comienza a cambiar.
Empiezas a tomar mejores decisiones, eliges relaciones más sanas, dejas de exigirte tanto, afrontas los problemas con más serenidad, aparecen nuevas oportunidades y, sobre todo, disfrutas más de la vida.
No porque la vida sea perfecta, sino porque tú empiezas a vivirla desde un lugar diferente.
También es importante confiar en el proceso
Además de confiar en ti, hay otra confianza igual de importante: confiar en que puedes cambiar.
Creer que eres capaz de superar aquello que hoy te preocupa, que puedes aprender, crecer y avanzar a tu ritmo.
Cuando recuperas esa confianza, dejas de sentir que la vida está en tu contra y empiezas a caminar con mucha más seguridad.
Te invito a realizar este pequeño ejercicio de autoconocimiento.
Si quieres profundizar un poco más en este tema, te recomiendo esta inspiradora charla TEDx de la psicóloga Adia Gooden sobre cómo desarrollar una autoestima basada en el valor personal incondicional.
A veces, el cambio comienza con algo tan simple como detenerse y mirarse con honestidad. Responde a las siguientes preguntas puntuándote del 1 al 10, donde 1 significa “muy poco” y 10 “totalmente”.
Tus respuestas pueden ayudarte a identificar dónde estás hoy, cuánto confías en ti y hacia dónde te gustaría avanzar.
Cuánto confío en mí cuando tengo que tomar una decisión importante?
¿Cuánto siento que merezco ser feliz y vivir la vida que deseo?
¿Cuánta seguridad tengo en mí en mi trabajo o actividad profesional?
¿Cómo valoro mi autoestima en mis relaciones de pareja, familiares o de amistad?
¿Soy capaz de poner límites sin sentirme culpable?
Cuando cometo un error, ¿me trato con comprensión o me castigo?
¿Reconozco mis logros o solo veo aquello que todavía me falta?
¿Confío en que puedo superar el problema que estoy viviendo actualmente?
¿Tomo decisiones pensando en lo que realmente quiero o en agradar a los demás?
Si confiara plenamente en mí dentro de un año, ¿cómo sería mi vida? ¿Qué estaría haciendo de forma diferente? ¿Cómo sería mi postura y mi tono de voz?
Porque, en muchas ocasiones, el cambio que tanto buscas no empieza fuera.
Empieza dentro de ti.
Empieza el día que decides creer un poco más en ti mismo.
Si al responder estas preguntas has descubierto que tu autoestima necesita fortalecerse, recuerda que no tienes que recorrer este camino en soledad. Con el acompañamiento adecuado es posible transformar la forma en que te ves, recuperar la confianza en ti y empezar a vivir desde un lugar mucho más libre y auténtico.
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¿Por qué necesitas estar siempre haciendo cosas? El verdadero motivo por el que no sabes descansar
Cada vez son más las personas que sienten que no saben descansar, que necesitan estar siempre ocupadas o que experimentan una incómoda sensación de vacío cuando por fin paran. Si alguna vez te has preguntado por qué ocurre esto, en este artículo descubrirás qué hay detrás de ese patrón y cómo es posible transformarlo.
¿Te cuesta sentarte en el sofá sin hacer nada?
¿Sientes que siempre tienes que estar ocupado?
¿Cuando terminas una tarea ya estás pensando en la siguiente?
¿Te ocurre que, cuando por fin tienes tiempo libre, no sabes muy bien qué hacer contigo mismo?
Si has respondido que sí a varias de estas preguntas, no eres la única persona.
Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado que cuanto más hacemos, más valemos.
Ser productivos está bien visto.
Descansar parece un premio que solo podemos permitirnos cuando todo está terminado.
El problema es que ese momento casi nunca llega.
Siempre queda algo por hacer.
Una llamada.
Un correo.
La casa.
El trabajo.
La familia.
Las redes sociales.
Una serie.
Una nueva responsabilidad.
Y así, casi sin darte cuenta, pasan los años.
Corriendo.
Resolviendo.
Cumpliendo.
Pero sin preguntarte una sola vez cómo estás realmente.
Curiosamente, muchas personas descubren su verdadero estado emocional precisamente cuando intentan descansar.
Y es entonces cuando aparece algo inesperado.
Una sensación difícil de explicar.
Vacío.
Inquietud.
Aburrimiento.
Tristeza.
Necesidad de levantarse y volver a hacer cualquier cosa. Necesitas estar siempre haciendo cosas
Como si permanecer en silencio resultara más difícil que seguir ocupado.
No es casualidad.
El llamado “Síndrome de la Vida Ocupada”
Aunque no se trata de un diagnóstico médico, cada vez más profesionales utilizan el concepto de Síndrome de la Vida Ocupada para describir una realidad que afecta a miles de personas.
Personas que viven con la sensación de que no pueden parar.
Que necesitan estar haciendo algo constantemente.
Que se sienten incómodas cuando no tienen nada pendiente.
Que incluso llegan a sentirse culpables si descansan.
Al principio puede parecer una virtud.
“Soy muy trabajador.”
“No sé estar quieto.”
“Aprovecho el tiempo.”
Sin embargo, detrás de esa necesidad constante de hacer, en muchas ocasiones se esconde algo mucho más profundo.
Porque una cosa es disfrutar siendo una persona activa.
Y otra muy distinta es sentir que no puedes dejar de moverte.
El descanso no crea el vacío. Lo descubre.
Esta es una de las reflexiones más importantes que hago en consulta.
Muchas personas piensan que empezaron a sentirse mal cuando llegaron las vacaciones, cuando terminaron un proyecto importante o cuando, por fin, pudieron descansar.
Pero la realidad suele ser muy diferente.
El descanso no crea el problema.
Simplemente deja de taparlo.
Durante el día vivimos rodeados de estímulos.
El trabajo.
Las obligaciones.
Las prisas.
El móvil.
Las conversaciones.
Los compromisos.
Nuestra atención permanece constantemente dirigida hacia el exterior.
Pero cuando todo eso desaparece…
Cuando el silencio llega…
Cuando ya no hay nada urgente que resolver…
Empieza a hacerse visible aquello que llevaba mucho tiempo esperando.
Aparecen preguntas que antes no tenían espacio.
Emociones que habían quedado escondidas.
Necesidades que llevaban años ignoradas.
Y eso puede resultar incómodo.
No porque haya algo mal en ti.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, estás escuchando lo que ocurre dentro.
Después de años acompañando a cientos de personas en consulta, he comprobado que este patrón aparece con mucha más frecuencia de la que imaginamos.
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?
No hace falta que te identifiques con todas.
Basta con que algunas te resulten familiares.
Necesitas tener siempre algo que hacer.
Si descansas, aparece una sensación de culpa.
Te cuesta disfrutar de un día sin planes.
Revisas el móvil constantemente aunque no haya ninguna notificación.
Cuando terminas una tarea buscas otra inmediatamente.
Sientes que siempre deberías estar aprovechando el tiempo.
El silencio te resulta incómodo.
Necesitas poner música, televisión o un podcast incluso cuando estás solo.
Las vacaciones terminan siendo casi tan agotadoras como el resto del año.
No recuerdas cuándo fue la última vez que simplemente disfrutaste sin hacer nada.
Te ocupas de todo el mundo, pero hace mucho que no sabes qué necesitas tú.
A veces sientes que vives en piloto automático.
Si varias de estas frases han resonado contigo, quizá no estés viviendo una vida demasiado ocupada.
Quizá estés utilizando la ocupación para no mirar aquello que duele.
Y esto ocurre con mucha más frecuencia de la que imaginas.
Un ejemplo que nunca olvidaré
Hace algún tiempo acudió a consulta una mujer de 49 años.
Su motivo era sencillo.
“Odio las vacaciones.”
Mientras trabajaba se encontraba relativamente bien.
Pero bastaban dos o tres días de descanso para que empezara a sentirse inquieta.
Necesitaba limpiar.
Ordenar.
Buscar planes.
Salir.
Volver a casa.
Llamar a alguien.
Hacer cualquier cosa.
Lo único que no podía hacer era quedarse sentada disfrutando de una tarde tranquila.
Después de la sesión apareció el verdadero origen.
Desde muy pequeña había aprendido que solo recibía reconocimiento cuando ayudaba, cuidaba de los demás o hacía las cosas perfectamente.
Sin darse cuenta, había asociado el descanso con perder el tiempo.
Y el hacer constante con sentirse querida.
No necesitaba aprender a relajarse.
Necesitaba liberar un programa emocional que llevaba activo más de cuarenta años.
Semanas después me escribió un mensaje que todavía recuerdo.
“Hoy he estado una hora leyendo en la playa sin sentir culpa. Hacía décadas que no me ocurría.”
Puede parecer un cambio pequeño.
Pero detrás de esa hora de calma había una transformación mucho más profunda.
Porque cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos…
El descanso deja de dar miedo.
¿Por qué hacemos esto sin darnos cuenta?
Nadie nace creyendo que descansar está mal.
Nadie nace sintiendo que tiene que demostrar constantemente su valor.
Son aprendizajes que vamos incorporando desde muy pequeños.
A veces porque crecimos en familias donde el cariño se expresaba a través del esfuerzo.
O porque aprendimos que debíamos ser fuertes.
Responsables.
Perfectos.
Útiles.
O simplemente porque sentimos que, para ser aceptados, teníamos que dar siempre un poco más.
Con el paso del tiempo, esos aprendizajes dejan de ser conscientes.
Se convierten en una forma automática de vivir.
En una especie de piloto automático que dirige muchas de nuestras decisiones sin que apenas nos demos cuenta.
Y lo más curioso es que, aunque nuestra vida cambie, ese programa puede seguir funcionando exactamente igual.
Por eso hay personas que llevan años diciéndose:
“Sé que debería descansar…”
Pero no pueden.
“Sé que necesito cuidarme…”
Pero siempre se dejan para el final.
“Sé que no tengo que hacerlo todo yo…”
Pero terminan haciéndolo.
Y esa es precisamente la buena noticia.
Porque si es un aprendizaje…
También puede desaprenderse.
¿Por qué, aunque lo entiendas, sigues haciendo lo mismo?
Seguramente alguna vez te has dicho frases como estas:
“Sé que debería descansar más…”
“Sé que no tengo que hacerlo todo yo…”
“Sé que debería pensar más en mí…”
“Sé que no pasa nada si digo que no…”
Y, sin embargo, vuelves a actuar exactamente igual.
Entonces aparece la frustración.
Piensas que quizá te falta fuerza de voluntad.
Que no eres capaz de cambiar.
O que “eres así”.
Pero la realidad suele ser muy diferente.
Gran parte de estos procesos se producen de forma automática, a nivel del subconsciente, no nacen de la mente racional, sino de hábitos y patrones que el cerebro aprendió hace muchos años.
Patrones que un día tuvieron una función.
Tal vez te ayudaron a sentirte querido.
A evitar un conflicto.
A protegerte.
A sobrevivir emocionalmente.
El problema es que el cerebro no distingue entre lo que fue útil hace treinta años y lo que necesitas hoy.
Simplemente repite aquello que aprendió.
Por eso puedes comprender perfectamente lo que te ocurre…
Y seguir sintiéndolo exactamente igual.
Cuando el cuerpo corre… pero el corazón está cansado
Muchas personas llegan a consulta diciendo que están agotadas.
Pero no es un cansancio físico.
Es un cansancio mucho más profundo.
El de sostener a todo el mundo.
El de intentar que nadie se enfade.
El de demostrar constantemente que valen.
El de hacerse cargo de problemas que no les corresponden.
El de intentar ser perfectas.
Y llega un momento en que el cuerpo empieza a pedir ayuda.
A veces a través del insomnio.
Otras mediante tensión constante.
O una sensación de vacío que no desaparece aunque todo parezca ir bien.
No es debilidad.
No es falta de carácter.
Es la forma que tiene el organismo de decirte que lleva demasiado tiempo sobreviviendo.
Una historia que quizá te resulte familiar
Recuerdo a una mujer que acudió a consulta convencida de que tenía un problema de organización.
Me decía:
“No llego a todo. Siempre voy corriendo.”
Sin embargo, durante la terapia apareció algo muy distinto.
Cuando terminaba todas sus tareas…
No sabía qué hacer consigo misma.
El silencio le generaba inquietud.
Necesitaba volver a llenar el día.
Había aprendido desde muy pequeña que descansar era perder el tiempo y que solo era valiosa cuando estaba siendo útil para los demás.
Después de varias sesiones ocurrió algo muy bonito.
No cambió de trabajo.
No redujo sus responsabilidades.
No se fue a vivir a otro lugar.
Lo que cambió fue su forma de relacionarse consigo misma.
Por primera vez en muchos años empezó a reservar pequeños espacios para ella sin sentirse egoísta.
Y descubrió algo que nunca había experimentado.
Que descansar también podía ser una forma de cuidarse.
La hipnosis terapéutica permite acceder a patrones inconscientes para transformar creencias limitantes y favorecer cambios profundos de una forma natural, segura y relajada.
Cuando hablamos de hipnosis, muchas personas imaginan lo que han visto en televisión.
Piensan en perder el control.
En quedarse dormidas.
En hacer cosas sin querer.
Nada de eso tiene que ver con la hipnosis terapéutica.
La hipnosis es un estado natural de relajación profunda y atención focalizada.
Un estado que todos experimentamos de forma espontánea varias veces al día.
Por ejemplo, cuando estás completamente absorto en un libro, conduces durante un trayecto conocido casi sin darte cuenta o te quedas mirando el mar olvidándote del paso del tiempo.
Durante la sesión no dejas de ser tú.
No pierdes la conciencia.
No haces nada que no quieras hacer.
Simplemente tu mente reduce el ruido habitual y eso facilita acceder a patrones emocionales que normalmente permanecen funcionando en segundo plano.
Es en ese estado donde el cerebro puede empezar a construir nuevas asociaciones, cuestionar antiguas creencias y abrir la puerta a respuestas más saludables.
No porque alguien “controle” tu mente.
Sino porque tu propio cerebro tiene una enorme capacidad para aprender y reorganizarse cuando encuentra las condiciones adecuadas.
Una forma amable de sanar
Una de las cosas que más sorprende a quienes realizan una sesión por primera vez es descubrir que no hace falta luchar constantemente contra uno mismo para cambiar.
Muchas personas llegan pensando que tendrán que revivir una y otra vez todo el dolor del pasado.
Y sienten alivio al comprobar que no es así.
Cada proceso es diferente.
Cada historia merece un ritmo distinto.
Pero el objetivo nunca es volver a hacerte daño.
El objetivo es ayudarte a integrar aquello que un día quedó sin resolver para que deje de dirigir tu vida desde el silencio.
Con frecuencia, al terminar una sesión, las personas describen una sensación de ligereza.
Como si algo se hubiera colocado por dentro.
Como si el cuerpo pudiera, por fin, bajar la guardia.
¿Y si ya estoy haciendo terapia?
Esta es una pregunta muy habitual.
Y la respuesta, en la mayoría de los casos, es sí.
La hipnosis terapéutica puede complementar perfectamente otros procesos de crecimiento personal o acompañamiento psicológico.
De hecho, muchas personas acuden a mí después de haber hecho un gran trabajo consciente.
Han leído.
Han comprendido su historia.
Han identificado el origen de muchas de sus heridas.
Y aun así sienten que hay algo que sigue reaccionando igual.
No significa que la terapia anterior no haya funcionado.
Significa que cada herramienta trabaja aspectos diferentes.
Mientras algunas terapias ayudan a comprender, expresar o elaborar las experiencias vividas, la hipnosis facilita trabajar también con esos patrones automáticos que el cerebro mantiene activos desde hace años.
Por eso muchas personas sienten que ambos procesos se potencian entre sí.
Comprender y transformar dejan de ser caminos separados.
Empiezan a caminar juntos.
¿Y si me da miedo la hipnosis?
Es completamente normal.
La mayoría de las personas llegan a la primera sesión con alguna duda.
Las más frecuentes son:
“¿Voy a perder el control?”
No.
En todo momento eres consciente de dónde estás y de lo que ocurre.
Puedes hablar.
Puedes abrir los ojos.
Puedes moverte.
Y puedes detener la sesión si lo deseas.
“¿Y si no consigo entrar en hipnosis?”
No tienes que hacer nada especial.
No existe una forma “perfecta” de entrar en ese estado.
Yo te voy guiando durante todo el proceso.
“¿Y si me quedo dormido?”
No pasa absolutamente nada.
Algunas personas alcanzan un nivel de relajación tan profundo que incluso dormitan unos minutos.
Y aun así el trabajo terapéutico continúa.
No necesitas esforzarte.
Solo permitirte vivir la experiencia.
Puedes hacerlo desde el lugar donde más tranquilo te sientas
Una de las ventajas que más agradecen las personas que realizan las sesiones conmigo es que no necesitan desplazarse.
Todas las sesiones de hipnosis terapéutica se realizan de forma online, mediante videollamada.
Solo necesitas un lugar donde puedas estar cómodo durante aproximadamente una hora.
Tu sofá.
Tu cama.
Un sillón.
Un rincón tranquilo de tu casa.
Muchas personas incluso me comentan que les resulta más fácil relajarse en su propio hogar que en una consulta desconocida.
Y tiene sentido.
Cuando el cerebro se siente seguro, también le resulta más sencillo bajar el nivel de alerta y permitir que el trabajo terapéutico sea más profundo.
Además, al terminar la sesión no tienes que coger el coche ni volver rápidamente a tus obligaciones.
Puedes quedarte descansando unos minutos, integrar la experiencia y continuar el día con calma.
Cada sesión es única, porque cada historia también lo es
Aunque muchas personas comparten problemas parecidos, el origen casi nunca es el mismo.
Dos personas pueden sentir culpa por descansar.
Pero una puede haber aprendido desde niña que solo recibía cariño cuando ayudaba a los demás.
Mientras que otra puede haber crecido en un ambiente donde equivocarse no era una opción.
Por eso nunca trabajo con sesiones estándar.
Antes de comenzar, dedicamos un tiempo a comprender qué hay detrás de tu forma de sentir, de pensar y de reaccionar.
Porque no se trata únicamente de aliviar un síntoma.
Se trata de ayudarte a transformar aquello que lo mantiene vivo.
Una historia que resume muy bien todo esto
Hace unos meses acompañé a una mujer que llevaba años repitiéndose una frase.
“Ya descansaré cuando termine todo.”
El problema era que ese “todo” nunca terminaba.
Siempre aparecía una nueva responsabilidad.
Una nueva preocupación.
Una nueva persona que necesitaba algo de ella.
Durante las sesiones apareció una idea que llevaba toda la vida acompañándola.
Creía que cuidar de sí misma era egoísta.
Que primero tenía que estar bien todo el mundo.
Y solo entonces podría pensar en ella.
Cuando empezamos a transformar esa creencia, ocurrieron pequeños cambios que fueron construyendo otros mucho más grandes.
Y, por primera vez en muchos años, dejó de sentir que tenía que demostrar constantemente su valor.
Meses después me dijo una frase que resume perfectamente lo que ocurre cuando sanamos desde el origen.
“No ha cambiado mi vida… la que ha cambiado soy yo.”
Y cuando eso sucede…
Todo empieza a sentirse diferente.
A veces no necesitas hacer más…
Necesitas dejar de cargar con tanto.
Vivimos creyendo que el bienestar llegará cuando consigamos terminar todas nuestras tareas.
Cuando los hijos sean mayores.
Cuando cambiemos de trabajo.
Cuando tengamos más tiempo.
Cuando lleguen las vacaciones.
Pero muchas personas descubren que, incluso cuando todo eso ocurre…
Siguen sintiéndose igual.
Porque el problema nunca estuvo fuera.
Estaba en la forma en que aprendieron a relacionarse consigo mismas.
Con su valor.
Con el descanso.
Con el amor.
Con la exigencia.
Con la culpa.
Y eso sí puede cambiar.
No porque borremos el pasado.
Sino porque dejamos de vivir reaccionando automáticamente a él.
¿Cuándo puede ayudarte la hipnosis?
La hipnosis terapéutica puede ser una herramienta muy útil si sientes que:
Necesitas estar siempre haciendo cosas para sentirte bien.
No sabes desconectar.
Descansar te genera culpa o inquietud.
Vives con una autoexigencia constante.
Siempre priorizas las necesidades de los demás antes que las tuyas.
Sientes que has perdido la conexión contigo mismo.
Comprendes lo que te ocurre, pero emocionalmente sigues reaccionando igual.
Quieres trabajar bloqueos emocionales desde un enfoque profundo y respetuoso.
Cada proceso es diferente.
Por eso, en las sesiones trabajamos siempre adaptándonos a tu historia y a tus necesidades.
Información sobre las sesiones
✔ Sesiones de Hipnosis Terapéutica Online
✔ Desde la comodidad de tu casa.
✔ Duración aproximada: 60 minutos.
✔ Precio por sesión: 60 €.
Cada sesión está diseñada de forma personalizada para ayudarte a comprender el origen de aquello que hoy te limita y facilitar un cambio profundo y duradero.
Quizá este artículo no haya llegado a ti por casualidad
Si mientras leías estas líneas has sentido que parecían hablar de ti…
Si te has reconocido en esa necesidad constante de hacer.
Si hace tiempo que sientes que no sabes descansar sin culpa.
Si notas que llevas años viviendo en piloto automático.
Tal vez tu cuerpo y tu mente no te estén pidiendo que hagas más.
Tal vez te estén pidiendo que, por primera vez en mucho tiempo, te escuches.
Porque el vacío no aparece para castigarte.
Aparece para mostrarte aquello que necesita ser atendido.
Y cuando decides mirarlo con cariño, comprenderlo y transformarlo…
Descubres que ya no necesitas correr tanto para sentirte en paz.
Quizá haya llegado el momento de dejar de sobrevivir.
Y empezar, por fin, a vivir desde un lugar mucho más libre, tranquilo y auténtico.
Si sientes que ha llegado ese momento, estaré encantada de acompañarte en ese camino.
Preguntas frecuentes
¿La hipnosis funciona aunque nunca haya hecho una sesión?
Sí. No necesitas experiencia previa. La inmensa mayoría de las personas realizan su primera sesión sin saber exactamente qué esperar y descubren que es una experiencia mucho más natural de lo que imaginaban.
¿Voy a perder el control?
No. Permanecerás consciente durante toda la sesión. Escucharás mi voz, podrás hablar si lo necesitas y recordarás todo lo ocurrido.
¿Y si me duermo?
No pasa nada. Algunas personas alcanzan un estado de relajación tan profundo que incluso llegan a dormitar. Eso no impide que el trabajo terapéutico continúe.
¿Las sesiones online son igual de eficaces?
Sí. La experiencia demuestra que muchas personas consiguen relajarse incluso mejor desde su propia casa, ya que se encuentran en un entorno conocido y seguro.
¿Puedo hacer hipnosis si ya estoy realizando otra terapia?
Sí. De hecho, muchas personas utilizan la hipnosis como complemento a un proceso psicológico o de crecimiento personal. Ambas formas de trabajo pueden potenciarse mutuamente.
El Agua Florida es mucho más que una fragante agua perfumada. Este elixir, con raíces en el siglo XIX, combina esencias florales, cítricas y especiadas, consolidándose como un producto clave tanto en la belleza como en las prácticas espirituales.
Orígenes Históricos
El Agua Florida ha sido utilizada en prácticas espirituales indígenas durante siglos, consolidándose como un elemento esencial en rituales de purificación y bienestar.
Su denominación tiene una historia intrigante. Según registros históricos, esta fragante mezcla de cítricos y especias debe su nombre a la expedición de Juan Ponce de León en 1513, cuando llegó a la región que bautizó como “Florida”. El explorador, conocido por ser el primer gobernador de Puerto Rico, quedó asombrado por la abundancia de flores en esta tierra mágica. Los taínos, habitantes originarios de la región, hablaron de la legendaria “Fuente de la Juventud”, una fuente de poderes rejuvenecedores que habría inspirado su exploración.
El nombre “Agua Florida” rinde homenaje tanto a esta mítica fuente como a su esencia floral distintiva. Con el paso del tiempo, este extraordinario elixir ha trascendido fronteras y culturas, convirtiéndose en un símbolo universal de rituales esotéricos, bienestar espiritual y armonía energética.
Propiedades y Beneficios
El Agua Florida posee propiedades físicas, energéticas y emocionales que la convierten en un producto único:
Limpieza Energética: Se utiliza para disipar energías negativas en personas, espacios u objetos.
Aromaterapia: Su fragancia fresca y revitalizante mejora el estado de ánimo, alivia el estrés y promueve la concentración.
Relajación Muscular: Mezclada con agua tibia, alivia dolores musculares y pies cansados.
Propiedades Medicinales: Alivia dolores de cabeza y reduce la fiebre mediante aplicaciones externas.
Purificación de Espacios y Objetos: Se utiliza para limpiar cristales, amuletos y lugares de trabajo.
Protección Energética: Crea barreras contra energías negativas y protege el aura personal.
Rituales de Bendición: Ideal para consagrar altares, talismanes o realizar meditaciones profundas.
Atracción de Buenas Energías: Se emplea en rituales para atraer prosperidad, amor y éxito.
Usos Cotidianos y Prácticos
El Agua Florida es extremadamente versátil y puede acompañarte en diferentes ámbitos de tu vida:
En el Hogar: Rociar en habitaciones para renovar energías y crear un ambiente de calma. Agregar unas gotas al agua de limpieza potencia la purificación del espacio.
En el Trabajo: Ideal para mantener el ambiente laboral equilibrado y libre de tensión.
En el Coche: Unas gotas en el auto ayudan a mantener un entorno relajado durante los trayectos.
En el Bolso: Para usarlo como un complemento revitalizante durante el día.
En el Baño: Agregarlo al agua de baño brinda un efecto restaurador, relajante y energizante.
Puedes adquirir el Agua Florida en nuestra tienda en línea.Ofrecemos una versión artesanal mejorada que combina tradición y modernidad, asegurando un producto único para el cuidado espiritual y físico.
El Agua Florida es un aliado esencial para quienes buscan bienestar integral. Desde su capacidad para purificar el ambiente hasta su uso en rituales espirituales, este elixir ofrece múltiples beneficios que lo convierten en una herramienta indispensable en tu vida diaria. Descúbrelo y experimenta cómo unas pocas gotas pueden transformar tu día a día.
El arquetipo del padre es una de las figuras fundamentales dentro de la psicología analítica de Carl Gustav Jung, pues desempeña un papel esencial en la formación y desarrollo de la personalidad de los individuos, especialmente durante la infancia. Representa mucho más que la figura concreta de un padre biológico, ya que trasciende a un modelo simbólico que estructura la experiencia humana en torno a la autoridad, los límites, la razón y la conexión con el mundo exterior.
Características del arquetipo paterno
El arquetipo del padre simboliza valores clave que estructuran la vida y la personalidad. Está asociado a elementos como:
La ley y la razón: Representa la capacidad para establecer límites, la conciencia moral y el sentido del orden.
Autoridad y jerarquía: Se asocia con la estructura social, la figura del protector y guía, y la capacidad para dirigir con firmeza.
El espíritu y la conciencia: Encarna el desarrollo intelectual, la clarificación de los valores y el juicio ético.
Elementos de la naturaleza: Su energía está vinculada con símbolos como el viento, el cielo y el sol, que evocan expansión, iluminación y la conexión con la trascendencia.
Influencia en el desarrollo infantil
La figura del padre, desde una perspectiva psicológica y simbólica, actúa como un modelo de conducta fundamental que influye profundamente en la manera en que los niños perciben la autoridad, la protección y la autonomía.
En los niños:
Fomenta la capacidad de autocontrol y tolerancia ante la frustración al imponer límites y reglas.
Actúa como un puente hacia el mundo social, animando al niño a salir del hogar protegido y enfrentar los desafíos del entorno con valentía y determinación.
Provee un ejemplo de fuerza emocional y seguridad, modelando conductas de protección y liderazgo.
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El padre como idealización y guía
El arquetipo paterno también se manifiesta como una figura idealizada que representa un referente de sabiduría y orientación. Esto no solo incluye al padre biológico, sino también a otros roles significativos como el abuelo, el padrastro o incluso figuras sociales y culturales que encarnen autoridad y dirección. Esta proyección puede ofrecer una fuente de confianza y estabilidad emocional.
Roles y funciones del arquetipo paterno
Disciplina y límites: A través de la firmeza, el padre enseña que las reglas son necesarias para el autocontrol y el respeto por los demás. Esto no se limita al castigo, sino que implica un marco de referencia claro que guía las acciones.
Protección y apoyo: Proporciona una sensación de seguridad emocional, ofreciendo un respaldo sólido en momentos de incertidumbre o miedo.
Proveeduría y abundancia:Simboliza la capacidad de generar recursos, ya sean materiales, emocionales o intelectuales, para fomentar el bienestar del entorno.
Impulso hacia la autonomía: Actúa como guía para que los hijos puedan diferenciarse de la madre y encontrar su propia identidad, lo que es crucial en el desarrollo psicológico.
Maestro y mentor:Un buen padre enseña con el ejemplo, escucha atentamente, respeta a la madre de sus hijos y dedica tiempo de calidad a su familia.
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La energía paterna en el individuo
La influencia del arquetipo paterno no se limita al ámbito familiar, sino que trasciende como un componente psicológico intrínseco que todos llevamos dentro.
Nos conecta con la capacidad para trabajar con determinación y compromiso.
Desarrolla nuestra habilidad para cuidarnos y proveernos a nosotros mismos, fomentando la autosuficiencia.
El equilibrio entre la figura paterna y materna
En el ámbito psicológico, el padre y la madre simbolizan fuerzas complementarias. Mientras que la madre está más asociada con el afecto, la contención emocional y el cuidado cotidiano, el padre introduce la dimensión de la autoridad, la disciplina y la proyección hacia el mundo exterior. Esta diferenciación es clave para que los niños puedan construir una identidad equilibrada y segura.
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En conclusión, la figura del padre es esencial para el desarrollo humano, tanto desde una perspectiva individual como colectiva. Actúa como un símbolo de fortaleza, guía y estructura que permite a las personas enfrentar la vida con confianza, autonomía y claridad. Reconocer y equilibrar esta energía dentro de nosotros mismos nos permite vivir en armonía con nuestras metas y relaciones, integrando las lecciones de límites, trabajo y protección que este arquetipo encarna.
Saber decir NO, es una habilidad muy valiosa y necesaria para nuestra salud mental que afecta directamente al control de nuestra vida.
Resulta especialmente difícil ser asertivo cuando hay que trazar límites con familiares jefes y amigos ¿Verdad?.
Y te preguntarás ¿Por qué carezco de estas habilidades sociales?
Las causas más habituales de la falta de asertividad y de habilidades sociales se relacionan con:
Falta de autoestima sostenida por el miedo, la culpa y la indecisión
Imagen personal pobre
Entorno familiar muy exigente
Entorno escolar muy exigente
Abundancia de castigos en la infancia
Falta de apoyo o poco apoyo en el desarrollo y aprendizaje normal durante la infancia
Comportamiento espejo de papá o mamá – Cuando un progenitor carece de asertividad, el niño aprende y copia dicha conducta como herramienta de gestión emocional.
Quiero detallarte algunas de las razones psicológicas detrás de la dificultad para decir no que puedes trabajar en tu autobservación y modelación de patrones limitantes:
Baja autoestima: Las personas con baja autoestima tienen miedo a rechazar las solicitudes de otros por temor a ser juzgados o perder la aprobación de los demás. Se busca quedara bien siempre, que se nos considere responsables y amables.
Padecer de buenismo: Tener un mal concepto de “soy una buena persona”, quedar bien hasta con los malos, ceder con benevolencia ypor lo tanto colocar a los demás en primer lugar como acto de bondad, implica no relacionarte de manera sana y asertiva.
Miedo al conflicto: Decir no a menudo implica enfrentar conflictos potenciales, lo cual puede ser aterrador para algunas personas. Temen las confrontaciones y prefieren evitarlas a toda costa. De echo, esto es uno de los motivos más habituales.
“Hace algún tiempo tuve una sesión online con Andrés, un hombre de unos 60 años que buscaba una terapia para el trauma. Después de varios ejercicios de introspección, donde pudimos ver qué efectos sufría, debidos a experiencias pasadas y comportamientos aprendidos de las mismas, salió a la luz su comportamiento evitativo ante cualquier tipo de conflicto, por muy ridículo que fuese, y lo aterrador que le resultaba confrontarse a otros.
Una vez reprogramada su vivencia traumática en las sesiones y haber cambiado varias creencias sobre las relaciones con los demás y permitirse ser el mismo, Andrés comenzó a practicar pequeños ejercicios que establecimos donde irían poco a poco mostrando unos límites mucho más sanos y contundentes con su entorno. Para su asombro, de forma casi inmediata a la práctica de estos ejercicios, su entorno comenzó a mirarle con más respeto y Andrés incrementó exponencialmente la confianza en sí mismo y por tanto en la vida. “
Necesidad de aprobación: Las personas que tienen una fuerte necesidad de ser aceptadas y aprobadas por los demás suelen tener dificultades para decir no. Temen que si dicen no, los demás los verán como egoístas o desagradables y básicamente no serán aceptados.
Culpa y remordimiento: Algunas personas sienten culpa o remordimiento al decir no, especialmente si están acostumbradas a complacer a los demás. Es probable que esta culpa esté arraigada en experiencias pasadas o creencias limitantes sobre su valía personal.
Patrones de crianza: La forma en que fuimos criados sin duda influye principalmente en nuestra capacidad para establecer límites. Si crecimos en un entorno donde se esperaba que siempre complaciéramos a los demás, deberemos “desaprender estos patrones” en la edad adulta.
Miedo al rechazo: Decir no puede hacer que algunas personas teman el rechazo por parte de quienes les pidieron algo. El miedo al abandono o a ser excluido llevará a la incapacidad para establecer límites claros.
Falta de habilidades de comunicación asertiva: para expresar los propios deseos y necesidades de manera sana lleva a evitar decir no para evitar situaciones incómodas.
“Otro ejemplo de terapia, es el de Juan Carlos, quien me solicitó una sesión de hipnosis online. Juan Carlos no comprendía sus estados de rabia y enfado.
Es frecuente ver, en las personas que no saben decir “no”, explosiones de ira que les llevan a expresar sus sentimientos de una forma hiriente. Este comportamiento es el resultado de no saber comunicarse de forma asertiva; Todas las emociones que no se expresan o gestionan debidamente, se acumulan, y la rabia y la frustración acaban manifestando su verdadero parecer de forma poco constructiva. Sin duda fue un proceso muy transformador para Juan Carlos, pero especialmente liberador, puesto que estas emociones nos atrapan y manejan a niveles muy inconscientes donde, en la mayoría de los casos, ser uno mismo, resulta difícil”
Superar la dificultad para decir no implica trabajar en estos aspectos a nivel emocional y psicológico. Esto incluirá desarrollar la autoestima, aprender habilidades de comunicación asertiva, establecer límites claros, y aprender a manejar el miedo al conflicto y al rechazo. La terapia será muy útil para abordar estos problemas y aprender a decir no de manera efectiva y calmada.
Así mismo, me gustaría exponerte algunas posibles maneras de relacionarte de forma respetuosa y asertiva:
Explica y comunica tus razones: Si hay alguna razón específica por la que no puedes aceptar el compromiso, como un problema de salud o un conflicto de horario, explícalo de manera respetuosa y sincera. explica por qué no quieres hacer lo que te piden. Esto ayudará a que tu familia y conocidos entiendan tu postura y te respete. Valora que tus necesidades estén en primer lugar.
Ofrecer alternativas: Si te sientes mal al decir que no, puedes ofrecer otras opciones para ayudar a la persona sin comprometerte a algo que no puedes hacer. Por ejemplo, si no puedes asistir a un evento, podrías ofrecerte para ayudar a organizarlo o contribuir de alguna otra manera.
Utiliza “yo” mensajes: en lugar de culpar a otros o hacer que tu familia se sienta mal, utiliza mensajes que comiencen con “yo” para hacer que tu mensaje sea más claro y asertivo. Por ejemplo, “Yo no puedo hacer eso porque tengo otras responsabilidades en este momento” en lugar de “Tú siempre me pides que haga cosas”.
Utilizar frases de transición: Si te sientes incómodo al decir que no directamente, puedes usar frases de transición para suavizar tu respuesta. Por ejemplo, “Lo siento, pero no puedo aceptar ese compromiso en este momento” o “Agradezco la invitación, pero voy a tener que decir que no”.
Expresar tu disponibilidad actual: Puedes decir que no puedes aceptar el compromiso en este momento porque ya tienes otros compromisos previstos o porque necesitas más tiempo para ti mismo.
Sé claro y conciso:no te sientas obligado a dar explicaciones largas o justificaciones detalladas. Simplemente di “no” y déjalo en eso.
Mantén tu postura: si insisten en que hagas algo que no quieres hacer, no cedas. Mantén tu postura y sé firme en tu decisión.
Es importante ser respetuoso y considerado al decir que no a un compromiso, pero también es importante ser honesto y no comprometerse a algo que no puedes hacer.
Es normal sentirse presionado por la familia o compañeros de trabajo a veces, especialmente cuando se trata de hacer cosas que no queremos o que van en contra de nuestros propios valores o deseos. Sin embargo, es importante recordar que tienes derecho a decir “no” y a tener tu propia independencia y autonomía.
Recuerda que es importante tener en cuenta los sentimientos de las personas con las que te relaciones, pero es aún más importante ser fiel a ti mismo y a tus propios valores y deseos.
En el contexto de la psicología, los límites saludables son establecidos por los padres que asumen el papel del “Padre Asertivo”.
El Padre Asertivo es un arquetipo parental que se caracteriza por establecer límites claros y saludables, al mismo tiempo que muestra empatía y apoyo hacia el niño. Este tipo de padre permite que el niño explore y desarrolle su independencia, al tiempo que establece reglas y estructura para mantener un ambiente seguro y amoroso.
Los padres asertivos son capaces de decir “no” cuando es necesario y de aplicar consecuencias adecuadas a las acciones del niño. También son capaces de comunicar sus expectativas de manera clara y coherente, lo que brinda al niño un sentido de seguridad y comprensión sobre lo que se espera de él.
Es importante tener en cuenta que ningún padre es perfecto y que todos los padres pueden mostrar diferentes arquetipos en diferentes situaciones. Sin embargo, los padres que siguen el arquetipo del Padre Asertivo tienden a criar niños que tienen una comprensión saludable de los límites, el respeto por los demás y una buena autoestima.
No saber decir no, no es una tendencia de nuestro comportamiento que nos afecta, y lo hace de un modo decisivo, haciendo que percibamos falta de control en nuestra vida. Y es la percepción de control, una de las claves en una buena gestión emocional.
Reprogamar la manera que aprendimos a relacionarnos desde niños es fundamental y para ello te ofrezco sesiones eficaces enfocadas en construir nuevos programas y hábitos al respecto.
Una emoción negativa es aquella que se siente cuando estamos tristes, enfadados, frustrados o preocupados. Las emociones negativas son una parte natural de la experiencia humana y suelen ser una respuesta a situaciones difíciles o estresantes. Algunas emociones negativas comunes incluyen tristeza, ira, miedo y ansiedad. Es importante reconocer y gestionar adecuadamente las emociones negativas para poder vivir de manera saludable y equilibrada.
¿Por qué no queremos sentir emociones negativas?
Es natural no querer sentir emociones negativas ya que a veces pueden ser difíciles de manejar. Sin embargo, es importante recordar que todas las emociones son una parte natural de la experiencia humana y que tienen una función importante en nuestra vida.
Estas emociones desagradables son una señal de que algo en nuestra vida no está bien y nos está afectando de alguna manera.
Así que te invito a mirarlas desde dos lados positivos:
Cuando las emociones negativas se vuelven intensas o persistentes, afectarán claramente la calidad de vida y el bienestar emocional.
Aquí hay algunos pasos que puedes seguir para gestionar tus emociones negativas de manera más efectiva:
Acepta tus emociones: A menudo, negamos y nos resistimos a ellas, lo cual sólo las hace más intensas. Para gestionarlo mejor, este es el proceso que debes seguir:
Mirar y aceptar que estás sintiendo
Darte permiso para sentir esas emociones
Elimina la culpa por sea lo que sea que estés sintiendo
Identifica que está causando tus emociones: Haces preguntas tipo ¿Hay algún evento o situación específica que esté desencadenando estas emociones? ¿Podría haber algún patrón o tema común en las cosas que me hacen sentir mal? ¿Me ha molestado más de lo que pienso lo que he leído, oido o visto? Una vez que identifiques la causa de tus emociones, podrás trabajar en encontrar maneras de manejar esas situaciones mucho mas efectivas.
Practica la respiración profunda y la relajación: Ayuda a calmar tu cuerpo y mente y a reducir la intensidad de las emociones negativas mediante relajaciones y respiraciones. Simplemente tomar unos minutos para sentarte en un lugar tranquilo y cómodo, cierra los ojos y respira profundamente a través de tu nariz. Exhala lentamente a través de la boca. Puedes contar tus respiraciones o decir una palabra o frase tranquilizadora para ti mismo mientras respiras. Puedes, igualmente, probar sesiones de hipnosis para bajar estados de estrés, preocupación o negatividad.
Escribe sobre cómo te sientes: Escribir sobre tus emociones es una manera útil de procesarlas y comprenderlas mejor, así como de permitirte reconocer y expresar lo que guardas dentro. Reflexiona a través del papel sobre cómo te sientes y qué podría estar causando esas emociones pues solo el hecho de poner las cosas por escrito te ayudará a verlo todo de manera más clara y a encontrar maneras inesperadas para una gestión más efectiva de las mismas.
Habla con alguien de confianza: Compartir tus sentimientos con un amigo, familiar o terapeuta aliviará tu carga emocional y te proporcionará apoyo.
Cambia tu perspectiva: Trata de ver las situaciones desde diferentes ángulos. Ser flexibles, cuestionar nuestras creencias y cambiar la forma en que interpretamos una situación, cambia las emociones asociadas a ella.
Recuerda que cada persona es diferente, por lo que es posible que necesites probar varias técnicas para descubrir cuál funciona mejor para ti. Además, si encuentras que las emociones negativas son abrumadoras o interfieren significativamente en tu vida diaria, considera buscar ayuda profesional de un terapeuta.
La asertividad es la cualidad o comportamiento que supone comunicar y defender los propios derechos e ideas, respetando a los demás.
Las personas no asertivas no tienen la habilidad para expresar sus deseos y opiniones de forma franca, directa, abierta y adecuada, y además, les cuesta decir no.
HAY UNA DELGADA LÍNEA ENTRE LA ASERTIVIDAD Y ESTAR RELAJADO – JUSTIN GUARINI
¿Cómo saber si tengo un buen nivel de asertividad?
Aquí te enumero algunas de las características de las personas que no saben decir no. Es un test muy corto y sencillo con la finalidad de que comiences a tomar consciencia de tus comportamientos.
Para ello deberás analizar bien “desde donde” respondes a las personas con un Si, o no les respondes para evitar decir NO.
A continuación, en un papel escribe “SI” en todos los puntos con los que te sientes identificado en más de un 50% y al final del texto te explicaré.
Demoro mis respuestas (para no tener que decir no) y así, confío que a la otra parte se le olvide o se dé por enterado de que no quiero.
No digo “no” en el momento, y después no hago a lo que me comprometí. Me hago el loco, el tonto, el olvidadizo…
Tengo rasgos de personalidad evitativos (Excesivo temor a ser rechazado por los demás). Digo sí para sentirme aceptado e incluído.
Siento baja autoestima, en especial cuando estoy con más personas.
No me siento valioso como para expresar mi negativa, y el hecho de no expresarla me hace sentir inferior.
Mi tono de voz suele ser bajo.
Muchas veces hablo con poca fluidez.
Mi comunicación no verbal es inhibida (poco contacto ocular, gesticulación demasiado suave).
Miedo a las confrontaciones y por tanto, tendencia a evitarlas.
Necesidad de aprobación por los demás.
Muchas veces me apoyo en otras personas que considero “más fuertes, estables o seguros” para que hagan de “poli malo” y digan que no en mi lugar.
Soy una buena persona. Soy complaciente y ayudo a los demás por encima de mi mismo muchas veces.
Siento que muchas veces la gente me invade, en el trabajo, en casa, mis parejas, etc.
Siento que mucha gente es agresiva.
Creo que la gente se aprovecha de mí.
No sé qué decir cuando me halagan, o intento evitar los halagos.
Ahora suma todos tus “SIES” y lee las respuestas:
Puntuación 0 –Gozas de una alta asertividad donde seguramente te sientas muy seguro relacionándote con otras personas, incluso desconocidos, y disfrutes de ello.
Puntuación de 1 a 3 –Eres una persona ligeramente asertiva. Deberás revisar tus comportamientos y aprender más técnicas apropiadas para ejercer una total asertividad de manera sencilla.
Puntuación de 4 a 10- Posees una asertividad baja, lo que te implicará sanar patrones de aprendizaje limitantes y observarte más en profundidad para comprender desde dónde actúas.
Puntuación de 11 a 18- Indica problemas en el manejo de la interacción social y la expresión del NO. Deberás por tanto revisar con detenimiento tus aprendizajes infantiles al respecto y las técnicas que te permitan mejorar tu comportamiento.
Como ya habrás podido comprender, la forma en que fuimos criados influye principalmente en nuestra capacidad para establecer límites. Si crecimos en un entorno donde se esperaba que siempre complaciéramos a los demás, deberemos “desaprender estos patrones” en la edad adulta. Para mí esa es una de las claves de la mejora.
Así mismo, desde mi experiencia en terapia, he visto como cientos de personas se transforman día a día con 4 sencillos trabajos que aplico y que te comparto brevemente:
Al escribir esto, recuerdo a Lucía, una chica bastante joven que vino a una sesión de terapia en Almayate. Lucía sentía que si decía “NO” a las propuestas de su entorno, se convertiría en una mala persona.
Evidentemente, la asertividad no tiene nada que ver con el tipo de persona que soy, más allá de ser alguien con seguridad en sí mismo, por lo que estuvimos viendo de dónde había aprendido y copiado esas creencias limitantes sobre qué deben hacer las buenas personas.
Finalmente resultó un proceso muy empoderador para Lucía donde, especialmente, las personas de su entorno pasaron de invadirla a respetarla.
Te invito a leer el próximo artículo donde voy a exponer métodos y herramientas de gran ayuda para tus relaciones sociales y así poder decir NO de forma fácil y clara, Y a probar mis sesiones de Psych-k y Técnicas de Integración Cerebral para reprogramar tu mente.
Cuando surge esa emoción la intentas ocultar y además te sientes mal. Profundamente mal y culpable por sentir rechazo hacia tu propia madre.
Piensas: Qué feo sentir esto, no quiero sentirme asÍ!!
Entonces, ¿Qué emoción sería la correcta?
Lo natural es sentir aquella emoción que se ha formado en ti a través de la relación que has tenido con tu mamá. Ya sea una emoción agradable o desagradable.
Ser mamá. Ser una buena mamá. Y ser la mamá que mi hijo querría que yo fuese, es un trabajo, cuanto menos, de los más complicados en la vida.
La relación con tus progenitores es muy influyente en tu vida y tiene un gran impacto en tu bienestar emocional. Por ello, este tema lo desarrollaré en varios artículos más.
El sentimiento de rechazo hacia la madre, puede ser complejo y surge por una gran variedad de razones.
Encontrarlas te facilitará tu desarrollo personal en esta materia.
Y por ello te expongo algunas razones que te ayudarán a identificar el motivo de tu rechazo:
Experiencias pasadas: Experiencias negativas o traumáticas en la infancia.
Ejemplos:
No haber sido un hijo deseado. Esta es una de las principales causas de rechazo hacia los progenitores. En muchas de las sesiones de hipnosis que conduzco, la persona recuerda haber pasado por una experiencia siendo bebé donde “no era esperado, no era deseado, fue rechazado, no era del sexo que se deseaba, etc” Ese dolor que produce dicho evento, marca profundamente la relación con la madre y el padre. Afortunadamente es algo relativamente sencillo y bonito de sanar y recolocar emocionalmente.
Abuso físico.
Maltrato emocional: Indiferencia, desprecio, desvalorización, falta de amor, gritos, falta de respeto, etc hacia el niño. Te invito a leer el siguiente artículo que te ayudará en tu valía personal: 14 maneras de mejorar la autoestima.
Haber sido abandonado por mamá: Abandono físico o fallecimiento.
Madre sargento que siempre contesta “Porque yo lo digo”.
Diferencias de personalidad: Las diferencias significativas en la personalidad, los intereses,las creencias o los valores entre la madre y el hijo crean conflictos y dificultades para relacionarse y comunicarse abiertamente.
Las personalidades simplemente pueden ser incompatibles, lo que hace que sea difícil para madre e hijo llevarse bien o llegar a un nivel de entendimiento básico.
Ejemplo:
Personalidad fuerte que impone criterios.
Intolerancia o falta de flexibilidad mental. Personas de estructura fuerte y rígida donde generalmente lo que ocultan es un gran miedo.
Madres sumisas: Estas mamás, en su creencia de no saber hacerlo de otra forma, han producido en sus hijos:
Rechazo por no haber cogido su lugar de progenitora, la grande, la protectora, etc
Rechazo por haber permitido situaciones en la familia donde los hijos han salido perjudicados.
Rechazo por no haber tomado decisiones desde el valor y el amor propio… todo un ejemplo, que desde el rechazo a mamá, intentaremos “nunca copiar” en nuestras vidas. Este punto es uno de los más trabajados en mi sesión de terapia. “No ser como mamá” es una conducta casi obsesiva y nos aleja de nuestra identidad y sentido de vida.
Expectativas no cumplidas: Estamos cargados de información inconsciente sobre “cómo deberían ser las relaciones con mamá, según la sociedad, la religión, la espiritualidad, etc”.
Las expectativas no cumplidas sobre la relación madre-hijo desencadenan sentimientos de decepción y rechazo.
Me atrevo a decir que las expectativas sobre la relación padres e hijos son en su mayoría muy poco realistas, y es imprescindible hacer un trabajo de introspección para identificar qué buscamos y qué esperamos de las relaciones con los progenitores.
Estas expectativas se mueven en ambos sentidos, tanto por parte del niño como de la madre.
Por ejemplo:
Una madre muy exigente cuya única meta es que su hija sea la mejor ( La más guapa de su clase, el que saca mejores notas, el mejor bailarín, etc). Vivirá para tener bajo presión y objetivos a “su hija ideal” basado en su expectativa por -ser la madre del hijo perfecto-.
Una hija que soñó con ser amiga de su mamá: Salir de compras, cocinar juntas, hacer cosas de chicas, etc, pero la realidad la golpea para reconocer que mamá es una autoridad, referente, una orientadora y cuidadora de por vida y por tanto no puede estar en la posición de una amiga del colegio por ejemplo.
Problemas de comunicación: La falta de comunicación efectiva o la incapacidad para expresar emociones suele generar malentendidos y resentimientos en la relación.
Ejemplos
Madre muy autoritaria que generalmente impone su opinión y decisiones sin previa comunicación al respecto o acuerdo entre ella y su hijo.
Madre no comunicativa que se guarda lo que siente, opina o hace. Pueden ser madres miedosas, vergonzosas, cohibidas, pudorosas, sumisas, etc.
Madre demasiado extrovertida que cuenta hasta lo más íntimo y personal a su hija.
Problemas emocionales o mentales: La salud emocional afecta la dinámica de la relación mamá/hijo y puede dar lugar a sentimientos de rechazo.
Ejemplos:
Madre narcisista.
Madre infantil donde quiere convertir a su hija en su propia madre y cuidadora.
Madre insegura y con gran falta de autoestima.
Madre manipuladora que siempre intentará hacerte sentir culpable.
Etc
Seguro que alguna te suena…
Madres Invasivas: Eventos o situaciones donde mamá a sobrepasado mis límites personales. Sientes que invade tu vida, tu privacidad, tu autonomía, tu espacio, generando tensiones, conflictos, rabia y rechazo.
Ejemplo:
Madre controladora
Madre “tengo consejo para todo” “debes hacer esto o aquello” “yo se lo que tu necesitas mejor que nadie”
Madre entrometida
Madre sobreprotectora: Excesivamente preocupada por la vida de sus hijos.
Etc.
Generalmente el rechazo hacia uno de tus progenitores te llevará a enfocar tu vida en ser “todo lo contrario a ellos”, en vez de en ser tú mismo. ¿Te suena “No quiero ser como mi madre”?
Es importante abordar estos sentimientos de manera saludable, para comprender las razones subyacentes y encontrar formas de manejar las emociones de rechazo de manera constructiva.
En los próximos artículos veremos varias formas efectivas de gestionar todo lo expuesto en el blog.
De igual forma, la terapia proporciona un espacio seguro para explorar estos sentimientos y trabajar hacia la reconciliación o, al menos, hacia una comprensión y aceptación más saludables de la situación.
La infidelidad, en el contexto de las relaciones románticas, implica la violación de la fidelidad o el compromiso establecido dentro de una relación monógama. Tradicionalmente, la infidelidad se ha asociado con la participación sexual o romántica de una persona con alguien que no es su pareja estable, aunque puede variar según las normas y los acuerdos establecidos en cada relación.
Recuerdo a Gabriel, un chico mallorquín que pasaba por mi sesión de Psych-k en Málaga en un viaje de placer que disfrutaba por la costa. Gabriel se sentía muy desorientado pues no sabía porqué desde hacía un año y medio estaba durmiendo muy mal. Nos pusimos a charlar sobre las experiencias que había vivido él ese tiempo atrás. Como era su trabajo, su salud, sus relaciones etc hasta que dimos con un sentimiento de “mala conciencia” por haber engañado a su pareja de toda la vida con una aventura pasajera de una noche. Después de trabajar ese evento y cambiar creencias sobre los conceptos que Gabriel tenía de sí mismo, su descanso nocturno se regularizó por completo.
La infidelidad genera una amplia gama de sentimientos en la persona que comete la traición. Algunos de los más comunes son los siguientes:
Rechazo por patrón familiar: Algunas personas se ven reflejadas en sus padres cuando han sido infieles, y esto les genera un rechazo hacia esa figura materna o paterna de quien han aprendido dicho comportamiento. Al fin y al cabo se están rechazando a ellos mismos.
Culpa: La culpa es un sentimiento frecuente ya que reconocen que ha violado la confianza y el compromiso establecido en la relación. Pueden sentir remordimiento por su acción y comprender el daño que han causado a su pareja y a la relación.
Suciedad: Muy común que la persona infiel sienta suciedad hacia sí misma, su comportamiento.
Vergüenza: La infidelidad puede generar sentimientos intensos de vergüenza en el infiel. Pueden sentirse avergonzados de sí mismos por haber actuado en contra de sus propios valores y principios, y por haber decepcionado a su pareja, su entorno y a sí mismos.
Angustia emocional: Es probable que también experimente una profunda angustia emocional, que puede manifestarse en forma de tristeza, ansiedad, confusión y arrepentimiento. La angustia emocional puede ser el resultado de la comprensión del dolor causado a su pareja y a la relación, así como de la confrontación con sus propios errores y decisiones.
Conflicto interno: Es muy común que provoque un conflicto interno intenso, debatiéndose entre el deseo de mantener la relación y el sentimiento de atracción o conexión que los llevó a ser infieles. Puede luchar con la culpa, el deseo de ser perdonado y la necesidad de abordar las razones subyacentes que llevaron a su infidelidad.
El individuo que ha sido engañado por su pareja experimenta una serie de emociones intensas y difíciles de manejar. Algunos de los más comunes son:
Dolor emocional: La sensación de traición y abandono por parte de su pareja puede resultar devastadora y generar una gran cantidad de sufrimiento y profundo dolor.
Ira y rabia: La traición puede provocar una reacción emocional poderosa, y la ira es una respuesta común ante el dolor causado por la infidelidad.
Autoestima, Desconfianza e inseguridad: La infidelidad puede minar la confianza en la relación y en uno mismo. La persona engañada puede sentirse insegura sobre su valía y cuestionar su capacidad para mantener una relación exitosa en el futuro.
Duda y culpa: Algunas personas pueden cuestionarse a sí mismas y culparse por la infidelidad de su pareja, incluso cuando no tuvieron ninguna responsabilidad en el engaño. Pueden preguntarse si hicieron algo mal o si podrían haber evitado la infidelidad de alguna manera.
Tristeza y depresión: Pueden sentir que han perdido la confianza y la conexión con su pareja, lo que puede llevar a sentimientos de depresión y desesperanza.
Ansiedad y miedo al abandono: Es normal sentir miedo a que su pareja vuelva a ser infiel o que la relación llegue a su fin. La infidelidad genera temor a ser abandonado o reemplazado por otra persona.
Confusión, incredulidad y shock: Descubrir una infidelidad puede ser impactante y abrumador. La persona engañada puede sentirse confundida acerca de los motivos detrás del engaño, le puede costar creer que sea realidad y sobre cómo manejar la situación.
Afrontar una infidelidad puede ser un proceso emocionalmente complejo, y es crucial buscar apoyo y ayuda adecuada, como la terapia de pareja o terapia individual, para procesar los sentimientos y tomar decisiones informadas sobre el futuro de la relación.
Isabel era una joven de ventipocos años que vino a mi consulta de reprogramación en Madrid alegando que sentía que ella no era suficiente para sus parejas pues todos la engañaban con otras chicas.Recuerdo que era una joven muy dulce, inteligente, respetuosa e increíblemente guapa, lo cual hizo directamente en mi cabeza la pregunta: ” ¿Qué o quién te alentó, y por qué, has comprado la creencia de que “no eres suficiente? Yo no veo más que belleza dentro y fuera de ti “.
Estuve unas pocas sesiones con Isabel trabajando su autoconfianza y poder personal. Reestructuramos todas sus bases emocionales, creencias de autoestima así como herramientas internas, hasta que la confianza en sí misma estuvo a niveles muy altos.Unos 8 meses después me escribió que tenía un novio fabuloso y que estaba muy feliz. Hace una año me mandó una foto del bebé que había tenido.
Estas experiencias son las que me impulsan siempre, a creer en todas y cada una de las personas que llegan a mí, porque todas son como Isabel, pequeñitas cuando entran por la puerta e inmensas cuando se van.
Algunas de las soluciones que puedes llevar a cabo ante una infidelidad son:
Comunicación abierta: Habla con tu pareja sobre lo sucedido. Expresa tus sentimientos, preocupaciones y preguntas ayudará a obtener una mejor comprensión de lo ocurrido y de las motivaciones detrás de la infidelidad. La comunicación abierta y honesta es fundamental para decidir qué camino deseas seguir a partir de ahora.
Terapia individual o de pareja: La terapia siempre es un espacio seguro para explorar los problemas subyacentes en la relación y trabajar en la reconstrucción de la confianza. El terapeuta puede ayudar a entender y procesar tus emociones, así como a cambiar creencias que te limitan, sanar heridas y desarrollar estrategias para superar la infidelidad.
Reflexiona sobre tus necesidades y límites: Tómate el tiempo para reflexionar sobre tus propias necesidades y límites en la relación. Evalúa si deseas continuar la relación o si la infidelidad ha provocado un daño irreparable en la confianza. Recuerda que la decisión final sobre el futuro de la relación es tuya pero se muy honesto contigo mismo y enfrenta el “desde donde” deseo mantener o no la relación.
Establece límites y expectativas: Si decides continuar con la relación, es importante que establezcas límites claros y expectativas mutuas para reconstruir la confianza. Esto puede incluir acuerdos sobre la comunicación, la transparencia y la fidelidad en el futuro. Establecer límites y expectativas puede ayudar a restablecer la seguridad y el compromiso en la relación.
Toma tiempo para sanar: La infidelidad puede tener un impacto emocional duradero, por lo que deberás permitirte tiempo para sanar y procesar tus emociones. Busca el apoyo de amigos, familiares o profesionales de la salud mental para ayudarte en este proceso. El autocuidado y la atención a tus propias necesidades emocionales son esenciales durante esta etapa.
Considera la posibilidad de separarte: Si la infidelidad ha dañado irreparablemente la confianza y no puedes imaginar una reconciliación, puede ser necesario considerar la posibilidad de una separación o divorcio. Esta es una decisión personal y única para cada individuo, y solo tú puedes determinar lo que es mejor para ti a largo plazo.
Trabaja miedos a futuro: Es probable que esta infidelidad haya despertado en ti miedos a futuras relaciones, de modo que no esperes más y desde ya ponte a recuperar la confianza en la pareja y la relaciones desde dentro tuyo.
Recuerda que no hay una solución única para todas las situaciones, y cada relación es diferente.
Confiar en tu intuición, y no en tu mente, será esencial.